Ultimas noticias

DE COPA ALTA O BAJA, LO IMPORTANTE ES LUCIRLO….



Un accesorio indispensable en el atuendo de la chola desde la época de la Colonia.
Lo adoptaron las mestizas y a partir de entonces, el sombrero se convirtió en un elemento insustituible en el vestuario de la mujer de pollera.
“La mestiza en los siglos XVI y XVII... tenía vestimenta que la distinguía de otros estamentos sociales. Acostumbrada a usar ropa de sedas, tafetanes, terciopelos...
Su atuendo consistía en pollera, manta, sombrero, jubón ajustado y botas. En general, la vestimenta de la chola se caracterizó por el lujo y colorido y elegancia que le valió el nombre de “chula” en señal de admiración o algo de desdén por parte de los europeos residentes...”.
El sombrero caracteriza la vestimenta de la chola paceña, en tiempos anteriores poseía su propio estatus como parte del atuendo total, donde la marca y calidad eran muy importantes; en los últimos años el sombrero ha sido prenda codiciada para los ladrones por su costo y fineza motivo que obligó a que gran parte de las señoras de pollera dejen de usarlo cotidianamente.
En el siglo XVIII su función era cubrirse del sol en el altiplano en una adaptación indígena del tocado europeo. Posteriormente –afirma el sociólogo David Mendoza– se convirtió en un ornamento tradicional que fue cambiando en formas y colores.
La base circular consta de copa y ala corta. Hasta fines del siglo XIX se distinguían dos variedades: copa alta y baja, con el ala ancha o corta. El material es de fieltro u ovejón, teñido con tintes naturales de color negro,
marrón claro, oscuro o gris.
Los primeros sombreros del siglo XX fueron rústicos, hechos de lana de oveja, un predominantemente color blanco y la colpa alta, rematados con un rozón mediano.
La fabricación de los sombreros estaba asociada a un proceso de industrialización, las fábricas como Borsalino de Italia, Stetson de Norte América, la fábrica alemana J. Hückels, eran las que mantuvieron el
monopolio de la importación de sombreros de cholas por muchas décadas.
Según Paredes Candia, a partir de 1920 se puso de moda el sombrero bombín de fieltro importado por estas fábricas.
Inicialmente tenía una altura aproximada de 15 centímetros, con alas o faldas, planas de 5 a 6 centímetros, y el blanco como el que predominó en esos tiempos.
Inicialmente los sombreros que lucía la mujer de pollera fueron elaborados con fibra de la hierba del esparto (vegetal) y coloreada con el tinte del albayalde (mezcla de carbonato de plomo).
Con el paso del tiempo, como cuentan algunos cronistas, los sombreros experimentaron muchos ajustes. En un inicio su introducción en copa baja causó el boom en la moda popular, poco a poco pasó por diferentes transformaciones hasta moldear una copa elevada.
En la década de 1920 llegó una partida de sombreros tipo bombín de la marca italiana Borsalino, equivocadamente de color café y no negro como era la moda para caballeros.
Para no perder el valor de su mercadería, el comerciante la presentó como producto novedoso y las vendió como última moda en sombrero a las cholas paceñas. De esta manera accidental, el modelo borsalino fue
adoptado hasta hoy con un impacto tal, que posteriormente fue incorporado por otras regiones del país.
El sombrero Borsalino se impuso durante mucho tiempo, no sólo por su color, sino por su costo y el consiguiente estatus de quienes lo usaban. Junto a esta marca el Stelson, sombrero tipo IBUSA tuvo un largo
periodo de auge. Cuando la industrialización se apoderó de los artesanos paceños, el sombrero de la chola paceña empezó a lucir modelos propios de alta calidad.
Las modas fueron cambiantes. Justamente a principios del siglo XX –afirmó la socióloga Vida Tedesqui– la forma en la región de La Paz cambió notablemente, empezó el gusto por el denominado “bombín” (tipo hongo)
en base a fustes que llegaban de Europa, para después evolucionar, como se dijo anteriormente, al estilo del sombrero tipo “Borsalino” de Italia con copa más alta, usado hasta hoy donde inundan la diversidad de ofertas, distintas marcas y producción artesanal cada vez más prolija.
El sombrero de uso diario lleva una cenefa entre la copa y el ala, mientras que el de gala o fiesta lleva como adornos joyas de oro o de “fantasía”. Según la tradición popular la posición del sombrero indica el estado civil de la portadora: cuando está en el eje central de la cabeza la chola es casada y si va a la derecha, con una graciosa inclinación al costado es una mujer soltera.
En su fabricación participan artesanos especializados, quienes los hacen de copa alta o baja y en diferentes colores y materiales. Este tocado es llevado por la chola con mucha habilidad en la cabeza, sobre todo, cuando viste traje de gala. Se dice que el sombrero debe combinar con la blusa y el color del calzado.
El uso del sombrero en la mujer de pollera es una marca de identidad que distingue a la chola “auténtica” de la denominada “transformer” o “trucha”, aquella que se disfraza. En el uso del sombrero, por ejemplo, las cholitas auténticas son hábiles para modelarlo en la cabeza, no necesitan la mano para ubicarlo en el sentido correcto.
En cambio, la cholita “transformer” sujeta el sombrero con horquillas para que éste no se caiga de la cabeza.
Muchos de los maestros que abastecen la gran demanda de sombreros tienen más de cuarenta años en el oficio, casi todos empezaron como operarios, pasaron al rango de artesanos y luego maestros. Las familias de los sombrereros conforman una especie de clanes, donde todos están dedicados al mismo negocio.
El proceso de fabricación sigue una serie de pasos; engomado, secado, armado, raseado, costurado y finalmente se da la forma. En su taller encontramos diferentes tipos de sombreros tanto para hombres y mujeres.
Para caballeros: Bombin, Safari, Gardel, Borsalino, Vaquero, Petitero, Copa, etc. Para damas se tienen dos tipos uno para cholitas (Paceñita, Borsalino, Paceña 8, Paceña 10, Paceña 11, Huanuni) y otro para señoritas
(Faldona, Española, etc.)
De acuerdo a la demanda y los requerimientos cada año se lanzan nuevas ofertas y novedades de diferentes materiales y estilos. Muchos de estos nuevos modelos, desde el taller de “Sombreros Illimani” son exportados al exterior del país, por ejemplo; a Perú, Argentina, y Brasil.
Para los artesanos el ritmo de trabajo no tiene subidas ni bajadas, todo el año confeccionan productos de uso cotidiano y las fraternidades de la diversidad de Entradas Folklóricas, aunque las del Gran Poder y Entrada Universitaria son las de mayor peso.
Una mirada a los modelos utilizados este año demuestran el retorno a la moda de los años ’20, a los sombreros de copa baja o clásico borsalino. La mayoría de las fraternidades  mantiene el diseño de sus sombreros, como secreto de Estado.
Confección
Dedicación y empeño son las cualidades de los artesanos. Su labor comienza con el hilado del pelo y la lana, el colocado en los moldes u hormas, se coloca la tela raso y se costura. Dependiendo de los diseños, un sombrero puede estar listo entre dos y cuatro días. El promedio de pedidos por fraternidad es de un centenar
exclusivamente para las cholitas.
Un recorrido por la calle Max Paredes, donde abundan los talleres y tiendas de comercialización, sirvió para apreciar los modelos, materiales, calidad y precios que oscilan entre Bs78, 280, 320 y 480.
Pese al cierre de la tienda Broadway,  ubicada en la calle Comercio de La Paz, que los traía desde Europa hasta hace cinco años, la actividad de los sombrereros se mantiene y tiende a crecer, sobre todo en los talleres que trabajan con materia prima importada desde Italia, Portugal y Brasil.
Una sola sombrerería de la calle Tarapacá exporta alrededor de 4.600 sombreros de material nacional y  genera un movimiento económico de 184.000 bolivianos al año, mientras otras tiendas de la misma línea
abastecen la demanda interna, afirma Ana María Maldonado en una reciente crónica.
Según Luis Callisaya, propietario de la sombrerería Ninfa, “Perú compra mensualmente 300 sombreros y al año 3.600 unidades. Los hacemos a pedido y de acuerdo con su cultura, de ala ancha, como utilizan las cholitas de ese país”.
A Chile anualmente se exportan alrededor  de 500 unidades y los compradores de ese país adquieren los sombreros de huaso (campesino de la zona central y el sur); éstos van en diferentes modelos para caballeros, damas y niños. A la Argentina se envían alrededor 500 sombreros para la fiesta en honor a la Virgen de Copacabana, en octubre, donde los bolivianos bailan en Charrúa (fiesta de integración de migrantes bolivianos).
Marcela Ticona, propietaria de la sombrerería Universal, recordó que hace 10 años las cholitas usaban sombreros Borsalino, importados de Italia a Bs 4.000, “pero ahora sólo existen imitaciones de estos sombreros en lana de oveja y son baratos”. Hace 5 años un sombrero Borsalino costaba Bs 1.800; hoy, uno a medio uso sale a Bs 1.200.
Los artesanos utilizan material importado desde Brasil y Portugal, hechos con lana de oveja o de conejo, mientras que otros trabajan con la empresa chuquisaqueña Charcas, que les provee fieltros a base de lana de
conejo con un acabado final de alta calidad.
El primer paso para hacer un bombín es el engomado. Se sumerge el fieltro base en agua caliente mezclada con goma. Luego se procede al secado natural, que toma un día, y se comienza a moldear el sombrero. En la
última etapa, el acabado final, se da brillo al sombrero y se revisa en detalle antes de colocarlo en exposición.
Definitivamente los coquetos sombreros varían de acuerdo con el modelo y la altura de la copa, entre altas, medianas y bajas. Los gustos difieren y se imponen sombreros para cada ocasión. Los artesanos están obligados a actualizar sus diseños de acuerdo con las tendencias de la moda europea y las fusionan con estilos propios de la cultura local.

COMPARTIR

 
Volver Arriba
Copyright © 2014 Cholita Paceña. Designed by OddThemes