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Cholitas Bailarinas con guardaespaldas en Bolivia



Las numerosas fiestas folclóricas de Bolivia, encabezadas en La Paz por la entrada del Jesús del Gran Poder, son más que una demostración de la rica cultura del país. Muestran, además, que los bolivianos son capaces de gastar todo el dinero que sea necesario en sus tradiciones. Hasta el punto de que algunas bailarinas desfilan tan enjoyadas que  llevan guardaespaldas.

El Gran Poder paceño, es un desfile en el que miles de bailarines y músicos circulan desde primera hora de la madrugada hasta entrado el domingo por las principales calles de la ciudad.

Según el antropólogo David Mendoza, esta festividad se remonta al siglo XVII, si bien no fue hasta 1927 cuando fraternidades folclóricas salieron a la calle para honrar al Jesús del Gran Poder con sus  tradicionales y folclóricos bailes.

Actualmente, son más de 30.000 personas las que salen a danzar. Dice la tradición que participar en esta fiesta durante tres años seguidos garantiza que se cumplan los deseos y, los paceños, se lo toman tan en serio que preparan esta entrada justo cuando termina la del año  anterior.

En el Gran Poder destaca, por encima de todo, la danza de la “morenada”, un baile que recuerda la llegada de esclavos negros a las ricas minas de Potosí y a las plantaciones de hoja de coca de La Paz.

Las cholitas, las típicas mujeres de pollera del Altiplano, son las más ostentosas de estas fraternidades. Si bien ocupan uno de los escalafones más bajos en cuanto a pobreza se refiere, tiran la casa por la ventana cuando a entradas folclóricas se refiere.

Su traje típico consiste en bombín, blusa, mantilla y pollera. Algunas de ellas, las más pudientes, aseguran que gastan casi 2.000 dólares en  la vestimenta.

Sólo en el juego de joyas, pendientes y dos broches, pueden gastarse entre 700 dólares, si se trata de orfebrerÌa bañada en plata, hasta los 10.000 dólares es oro puro.

Tal cantidad de dinero en metales preciosos, sin contar los que llevan casi biológicamente en sus dientes, hace que muchas de ellas decidan bailar con guardaespaldas por temor a los asaltantes, que están escondidos en las calles en el Gran Poder camuflados en las más de 300.000 personas  que salen a verlas.

Ser el baile más vistoso tiene sus consecuencias. Sólo las máscaras, hechas por maestros artesanos de lata comprada a chatarreros, cuestan 100 dólares cada una, tras un trabajo exclusivo de tres días.

A eso, se le suma la cuota de la agrupación, el alquiler del local de ensayos y el pago de la banda que acompaña en todo el recorrido de la entrada a la fraternidad, que puede llegar a costar más de 6.000  dólares. Sin duda, los bolivianos pagan un precio alto para seguir sus tradiciones y su folklore. EFE

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