La chola DE DON ANTONIO

La chola boliviana, la misma chola con diversas polleras. La chola de Antonio Paredes Candia, la Miskisimi de Costa Du Rels, la Chaskañawi de Medinacelli.

Hay cholas para todos los gustos y para buen rato en esta especie de enciclopedia de La Chola Boliviana que nos legó don Antonio Paredes Candia. Las hay de verdad, porque el voluminoso estudio incluye una iconografía de las auténticas cholas: de manta y pollera, de botines y caravanas, simbiosis y símbolo netamente boliviano del mestizaje.


¿Se encholaría alguna vez en una de sus escalas de viajero trashumante por el interior del país que le palpitaba y calaba hondo como su misma errancia? ¿Se levantaría quizás a una improbable y rubicunda cholita al pie de un molle en la ribera del Cachimayo o el Guadalquivir? Cholero no era. Asiduo más bien de chicherías de arrabal y de rincones de cocina criolla donde tomaba nota del talle de la cholita que servía y de la receta del picante enjundioso que degustaba con fruición. ¿Qué le seducía de las mujeres del pueblo que al verse escudriñadas con descaro le devolvían miradas afiladas y rechazaban su cholo proceder? ¿Qué lo llevó a meterse en esa investigación folklórica sobre un personaje ora ruin, ora ejemplo de laboriosidad y entrega, icono de una sociedad multicultural y multiétnica que se mira a sí misma como en un espejo con la mirada huidiza que tiene cada cholo y chola diseminados en la vasta geografía del cholaje: inmenso y extenso como su linaje bastardo?

Pero hete ahí que salió con su gusto. La investigación produjo otra de sus criaturas de investigador de temas folklóricos. Más que rústica, es basta la acumulación sistemática de los rasgos disímiles que caracterizan e identifican, más que al cholo, a la chola (que adornan su personalidad se diría).

La chola boliviana, la misma chola con diversas polleras. La chola de Antonio Paredes Candia, la Miskisimi de Costa Du Rels, la Chaskañawi de Medinacelli.

Flameando o no polleras en la genealogía de los bolivianos (desde que los adelantados españoles se levantaron a las nativas en una orgía que duró tres siglos) se metió don Antonio a escarbar en ese segmento de la sociedad. ¿Cholos seremos? Si lo sabremos todos. Descendientes directos y por derecho propio también nos metemos en pollera de siete varas. Nos encholamos con la delectación que produce en las cholas y en los cholos el néctar almibarado de esa bebida de dioses cuando madura en el estío: la chicha.

El hecho es que la Chola Boliviana de don Antonio es una radiografía minuciosa de la mujer mestiza, madre putativa de todos los mestizos bolivianos. No es indígena sino descendiente de ésta y lleva además sangre de los conquistadores. En sus diversas facetas, en sus rasgos físicos y sociológicos, y hasta en sus expresiones regionales es la auténtica mujer del pueblo que teje con pujanza y tenacidad una red de servicios y esperanzas que son sustento de su familia y pilar de la economía, de la micro economía que se mueve a través de cientos de miles de manos y voces informales.

El enfoque sociológico e histórico viene de la mano de Gunnar Mendoza Loza en el Prólogo de La Chola Boliviana. No es la introducción, pero bien podría serlo, de la genealogía o del árbol genealógico de los descendientes de los Charcas a los que sometieron, primero, las huestes de Gonzalo Pizarro, y, luego, las de don Pedro Anzures. La obra es considerada como un monumental y precursor estudio sobre un tipo humano único en la compleja realidad etnosocial boliviana. Advierte el historiador que el fenómeno cholo es específicamente andino en Bolivia. Y, es cierto, cholos y cholas podrán haber en Cobija, en Tarija, y en Santa Cruz o Trinidad, pero no son de origen oriental o sureño. Son los emigrantes del occidente, la avanzada colla en las llanuras que ha fundado en los últimos años —o décadas tal vez— ciudades collas: de cholos y cholas que miran al occidente con la nostalgia de un pasado que también es una lección para el porvenir.

Hay cholas para todos los gustos y para buen rato en esta especie de enciclopedia de La Chola Boliviana que nos legó don Antonio Paredes Candia. Las hay de verdad porque el voluminoso estudio incluye una iconografía de las auténticas cholas: de manta y pollera, de botines y caravanas, simbiosis y símbolo netamente boliviano del mestizaje. Eso sí, hay que detenerse a admirar la belleza de algunas de las más donosas cholitas sucrenses. ¿De dónde se ha sacado don Antonio ese álbum de postales, casi daguerrotipos de otro siglo, donde es posible advertir y convenir a la vez por qué la independencia de Bolivia y la vida nacional estuvieron desde sus orígenes envueltas en polleras? El mestizaje que nos distingue, enriquece y enorgullece, se entiende mejor, adentrándose, de la mano de este viejo investigador, en la historia de La Chola Boliviana.

Ahora que hay una hipersensibilidad por lo etno y que las raíces convocan a muchos a desentrañar el pasado, vale la pena una relectura de La Chola Boliviana de Antonio Paredes Candia.
 
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